APARCADO TE QUEDAS

Aún recuerdo el día que aprobé el carnet de conducir, que momento más ansiado. No creo que haya a los 18 años mayor símbolo de libertad que disponer de un coche: organizar tus tiempos, no depender de nadie, ir y venir al propio antojo, ¡qué bien huele la independencia! Sin embargo, todo lo bueno tiene un fin y según vamos envejeciendo, y ante la pérdida de aptitudes y capacidades, ¿cuál es la “edad prudente” a la que deberíamos dejar de conducir? Esto ya no está tan claro, ¿cierto?.

Ante el debate suscitado por la conducción de las personas mayores, este tema se debería analizar caso por caso. Sí, esto es utópico, pero si pensamos en las personas como individuos con sus características y peculiaridades, es fácil entender que no es lo mismo privar de su coche a alguien que vive en un núcleo urbano, donde tendrá con mayor probabilidad otros medios para moverse, que a una persona que viva en un núcleo rural, en el que se puede suponer un gran recorte de su autonomía e independencia. De igual forma, el proceso de envejecimiento difiere enormemente de unas personas a otras, pudiéndose encontrar personas de 80 años muy heterogéneas, con un amplio rango de capacidades tanto físicas y como cognitivas.

–        “Mi hija me esconde las llaves del coche. Se piensa que no me doy cuenta…Cree que ya no valgo para conducir. Ahora tengo que esperar a que me lleven a la plaza o a tomar un café con mis amigas y no me gusta depender de nadie”. – Me cuenta María, de 75 años.

–        Angel chocó contra el pozo de su jardín la semana pasada. Tiene un deterioro cognitivo leve pero hasta este momento sus hijos le habían dejado disfrutar de la conducción. Pero después de esto, se acabó.

–        “No he tenido ni un accidente en toda mi vida, tampoco me han metido multas en 50 años que llevo conduciendo y espero seguir así mucho más tiempo. Me encanta coger mi coche y hacer mis recados por las mañanas. Eso sí, vou despaciñó”- relata Cheliño de 81 años.

–        “Un día decidí dejar el coche aparcado en el garaje y no lo he vuelto a utilizar más. Veo cada vez peor, parece que voy perdiendo reflejos y le cogido miedo, no quiero provocar una desgracia en la carretera. Ahora utilizo el transporte público y los fines de semana pido a mis nietos que me lleven. ¡No queda más remedio de adaptarse!” – me explica Eduardo de 77 años.

Está claro que cada persona es un mundo por lo que el reto debe ser sin duda conciliar la autonomía de la persona con los riesgos a los que se expone, y siempre teniendo en cuenta sus capacidades físicas y cognitivas. Dicho esto, también sería bueno que reflexionáramos sobre todas aquellas cosas que tanto los profesionales como los familiares de una persona mayor decidimos que no deben hacer por el hecho de ir envejeciendo, sin pararnos a pensar en las consecuencias a todos los niveles que les va a ocasionar.

Memoactiva es un recurso de atención domiciliaria de estimulación cognitiva y psicomotriz que apoya a la persona mayor en el entrenamiento de sus funciones mentales que le van a facilitar una vida independiente.

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